SIERVA DE DIOS MADRE MARÍA LIBRADA

DATOS BIOGRÁFICOS.


- La Venerable Madre María Librada del Sagrado corazón de Jesús Orozco Santa Cruz, nació el 20 de julio de 1834 en una pequeña población del estado de Jalisco, México, llamada Arandas.
- Su padre, Juan Orozco, rico propietario; su madre, Teresa Santa Cruz de Orozco.

- Tuvieron ocho hijos, cuyos nombres son los siguientes: Melquíades, Victoriano, Isidro, Miguel, Tatiana, Perfecta, María y Librada, la más pequeña y muy graciosa.

- Las dotes características de esta familia eran la piedad, la modestia y el temor de Dios, virtud muy común en esta zona.

- El Sr. Juan Orozco y la Señora Teresa Santa Cruz de Orozco buscaron para sus hijos un lugar más cercano a la ciudad, para que éstos pudieran estudiar y perfeccionarse. Escogieron la Villa de Zapopan, muy cerca de Guadalajara.

- María Librada estudió después en el centro educativo llamado “El beaterio”, en Guadalajara. Fue una alumna diligente y de las mejores. Manifestó pronoto especial inclinación hacia la piedad, el recogimiento, la oración y la mortificación.

- Murió en olor de santidad el 20 de marzo de 1926 en Guadalajara, Jalisco, México, a la edad de 92 años.

- Sus restos se encuentran al lado derecho del altar mayor del templo de Nuestra Señora del Refugio, ubicado en Av. Federalismo, cruzamiento con Angulo, en Guadalajara, Jalisco.

OBRAS QUE REALIZÓ LA VENERABLE MADRE MARÍA LIBRADA


- Queriendo darle gloria de Dios y buscando el bien de la Iglesia, con la autorización del Obispo del lugar, realizó las siguientes obras:
  • Promovió la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, en la Basílica de Nuestra Señor de Zapopan.
  • Fundó la Congregación de Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio, el 7 de mayo de 1897, en Guadalajara, Jalisco.
- Construyó material y espiritualmente:
  • El templo de Nuestra Señora del Refugio, iniciándolo el 1 de mayo de 1889 y terminándolo el 4 de julio de 1900, así como un convento anexo al mismo, en Guadalajara Jalisco.
  • El templo del Sagrado Corazón de Jesús, iniciándolo el 1 de enero de 1905 y terminándolo el 20 de enero de 1970, así como un convento anexo al mismo, en Zapopan, Jalisco.
- Instituyó en Guadalajara, Jalisco, México, los apostolados de:
  • Promoción integral de la mujer, el 1 de junio de 1889.
  • El Colegio del Refugio, en septiembre de 1889.
  • En el mismo año, fundó el Asilo del Refugio, para niños pobres.
- Fundó en Zapopan, Jalisco, México:
  • El Asilo del Sagrado Corazón para Niñas Pobres, iniciado en agosto de 1905.

VIDA TEOLOGAL DE LA MADRE LIBRADITA

La Venerable Madre se nos presenta como una extraordinaria administradora de los dones que el Señor le confió; practicó en grado heroico las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, así como los dones del Espíritu Santo y demás virtudes naturales y sobrenaturales. Por amor a Dios y a la Iglesia sirvió con gozo a los pobres y a los ricos sin distinción de clases sociales a quienes ofreció con generosidad y desprendimiento todo lo que recibió de Dios. Poseía una inteligencia profunda y práctica; una memoria privilegiada, que le hacía tener presentes aún los más mínimos detalles y una voluntad firme y decidida para obrar siempre el bien.
Jesús era el sentido de su vida, como confirman sus palabras: “A una esposa debe serle muy dulce imitar a su Esposo y sacrificarse por Él en aras del amor y ese mismo amor hará que te gane almas para que amen, pues, aunque tan miserable, procuraré, aunque sea con mi buen ejemplo, atraer los corazones hacia ti, acordándome de la ardiente sed que en la cruz tanto te atormentaba.”

El conocimiento de Dios y de sus misterios, muy especialmente la pasión de Cristo, el misterio de la Eucaristía, la inhabitación en nosotros de la Santísima Trinidad, fue el centro y móvil de su vida; su espíritu de fe le dio la seguridad para sacar adelante la misión que el Señor le había confiado. Siguió el camino de la cruz, el camino de las grandes y dolorosas pruebas, que afrontó con fortaleza, alegría y confianza en Dios, para mayor gloria de Él y bien de las almas. Era alma de mucha oración, recogimiento y unión con Dios. Todos los días en la quietud de la noche, se le veía arrodillada, sin moverse, como una estatua a los pies del Santísimo Sacramento. Tenía el don de oración.

FE HEROICA

La Madre María Librada fue una mujer de profunda vida espiritual, cimentada en la fe, virtud teologal. Desde su niñez se ejercitó en mirar los acontecimientos de cada día y época bajo la luz de Dios. La fe era su norma de vida sobrenatural, base de su actitud interior y exterior. Inspirada por Dios, manifestó varias veces su proyecto de fundar una congregación religiosa, pero su confesor y director espiritual Fr. Teófilo García Sancho, ofm, durante muchos años no la autorizó. Ella, sin embargo, esperaba y aceptaba con fe admirable la voluntad del Seño. Siempre vio en la voluntad de sus superiores la voluntad de Dios. Por fe amaba entrañablemente a la Iglesia y a su jerarquía, y fue fiel a ella hasta su muerte. Por su fe heroica realizó grandes obras, tanto en el plano espiritual como en el moral, social y material, en bien de la Iglesia.
La madre Libradita jamás cesó en su empeño de vivir una vida totalmente iluminada por la luz de la fe. Tenía a Dios como causa y motivo primordial en todo lo que hacía; estaba profundamente convencida de su bondad, de su amor, de su fidelidad, de la mutua donación. En consecuencia, estaba segura de que nada les faltaría a ella y a sus religiosas al seguir la misión que el Señor les había encomendado.

Asimismo, infundía en todas las personas que la rodeaban la convicción de que Dios es la fuente única de nuestra vida, de nuestro ser, de nuestro pensar y de nuestro obrar. Quienes se acercaban a ella percibían inmediatamente la presencia de Dios.

Refiere la señora Beatriz E. Orozco, sobrina de la Madre, que “nos daba buenas enseñanzas y consejos, nos enseñaba jaculatorias a las niñas de mi edad y nos infundía la devoción al Santísimo Sacramento. También era sumamente devota de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Expectación, venerada en el Santuario de Zapopan, Guadalajara. Nos levantaba a las siete de la mañana para llevarnos a la santa Misa y después a la escuela.”

Influyó mucho en la fe y en vida cristiana del pueblo de Dios a través de los apostolados y de las obras espirituales y materiales emprendidos por ella, como la construcción de los templos dedicados a la Santísima Virgen del Refugio, en la Ciudad de Guadalajara y del Sagrado Corazón de Jesús en la Villa de Zapopan.

ESPERANZA HEROICA

La sierva de Dios practicó y vivió la virtud de la esperanza. La poseía y se gozaba en ella, no tanto por el bien propio, cuanto por la gloria que, por su medio, recibiría el mismo Dios.

Toda su vida se abandonó en las manos de Dios: “Estoy en los brazos de mi amado”, contestó a una niña que le preguntó por qué estaba tan quieta y silenciosa al pie del altar. Asimismo, cuando en el año de 1893 le fue retirado un importante donativo para la construcción del templo de la Santísima Virgen del Refugio, comentó con paz y serenidad: “Estoy en las manos del Sagrado Corazón, Él sabrá lo que hace.”

Tanto en la quietud de su profunda intimidad con Dios como en las horas de dinámica actividad, lo confiaba todo a Dios. Hizo suyas las palabras del salmista: “En Dios sólo descansa, ¡Oh, alma mía! De Él viene mi esperanza”. Sus hijas religiosas y las personas que la conocieron recuerdan su paz y tranquilidad en medio de las pruebas y sufrimientos.

María Librada se mostró siempre activa, diligente en encontrar los medios más eficaces para alcanzar la salvación de su propia alma y la salvación de los demás. Su oración, que practicó desde su juventud, la llevó a una experiencia profundamente contemplativa, mantuvo constantemente la presencia de Dios y la motivó a realizar frecuentes actos de esperanza heroica. Estaba segura de que el Señor es fiel a sus promesas.

CARIDAD HEROICA

El amor a Dios y al prójimo fue el centro y móvil de toda la vida de María Librada, tanto en las acciones pequeñas como en las grandes obras. Difícilmente en el curso del día perdió de vista a su amantísimo Esposo celestial. Aprovechaba cada ocasión, aun de noche, para elevar a Dios su apasionado himno de amor.
Confiesa la Madre Lucía Rodríguez, testigo en el proceso: “La Venerable Madre brilló como un sol en la virtud de la caridad. Por sus pensamientos de Dios y sus obras, se veía que amaba a Dios con un amor heroico… Le gustaba mucho contemplar el Viacrucis y el nacimiento del Señor, tanto que cada hermana tenía una escultura del Niño Dios. Procuraba que todo se hiciera para gloria de Dios. Cuando yo llegué a la comunidad y la conocí personalmente, no tenía otra cosa de qué hablar sino de Dios; la forma de hablar era con mucho cariño hacia Dios”.

Este ardiente amor la llevó a un constante cumplimiento de la misión que el Señor le confió y lo manifestó de diversas formas. Desde muy joven promovió la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en el santuario de la Virgen de Zapopan, en Guadalajara, y logró que cada año se celebrara con solemnidad y gran piedad el mes de junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Su mismo amor a Dios la impulsó a fundar la Congregación de Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio y a establecer varias escuelas para la educación de la niñez y juventud. Su anhelo era “sembrar en el corazón de los niños la semilla cristiana.”

Fue misericordiosa y compasiva ante las necesidades del prójimo. Su celo por la salvación de las almas era grande y profundo. Los desamparados acudían a ella diariamente en gran número y jamás los dejaba retirarse con las manos vacías y menos, desconsolados, como el buen samaritano del Evangelio (Cfr. Lc 10, 30-37), se inclinó reverente ante la joven moralmente descarriada; tuvo compasión, vendó sus heridas, y cuidó y atendió vigilante a la niñez y juventud, en internados y en las escuelas o colegios fundados por ella. Con ternura y caridad, paciencia y bondad entregó toda su vida, incluso, todas sus riquezas y bienes materiales a favor del prójimo. Con sus religiosas fue una verdadera madre cariñosa, comprensiva y muy celosa de su vida espiritual; trabajó de forma incansable por la santidad de cada una hasta su muerte. Amó entrañablemente a los sacerdotes, ministros del Señor aquí en la tierra. Por su fe, esperanza y caridad penetrante y contemplativa, no veía en los hombres sino hermanos rescatados por la Sangre de Cristo y miembros de su Cuerpo místico.